sábado, 11 de mayo de 2013

Trincheras

 

Hace poco leí otro relato inspirado en la “Tregua de Navidad” de 1914. Recién hoy, pensando en los acontecimientos de esta semana, hice la conexión entre esa historia y lo que nos está pasando hoy en Chile.

El 24 de diciembre de 1914 los soldados que peleaban la Primera Guerra Mundial se daban cuenta que el desastre iba a durar mucho más de lo que les habían dicho sus líderes cuando los mandaron al frente. Enterrados en trincheras y muertos de frío, unos soldados alemanes comenzaron a cantar villancicos recordando sus hogares. Desde la trinchera de enfrente, unos ingleses que también extrañaban a sus familias comenzaron a hacerles coro… y no pasó mucho rato antes de que empezaran a ambos lados a asomar la cabeza, mandarse saludos a gritos y finalmente se atrevieran a salir de sus agujeros para intercambiar cigarrillos, whisky, mostrarse fotos y hasta organizar algunos partidos de fútbol. Los comandantes de ambos bandos se vieron en serios problemas para conseguir que los soldados volvieran a pelear. Incluso para los años siguientes, se ordenaron bombardeos justo para esas fechas de modo de evitar que los “enemigos” volvieran a confraternizar.

En la película “Mi mejor enemigo”, más cercana a nosotros, vimos un ejemplo casi calcado de esta historia. Cosas que pasan cuando se descubre que en la trinchera de enfrente no hay un ente abstracto llamado enemigo sino una persona igual a uno mismo, que tampoco tiene ganas de que le metan una bala en el cuerpo.

Esta semana, aquí y ahora, vimos la comedia en la que el director del Servel nos dejó claro que no obtuvo su puesto por méritos técnicos sino por otras razones menos claras. Frente a una idea ciudadana concebida para poder expresar la voluntad de darnos una nueva Constitución (una idea inconstitucional, de acuerdo con nuestra carta magna vigente), el Servicio Electoral comienza a dar señales confusas con el objeto de asustar a los votantes. Primero el director dice que los votos marcados “AC” serán nulos. Luego se desdice, pero insiste “podrían ser objetados”. Veo en esa posibilidad de objeción una señal para alentar a los apoderados de cierto sector a que reclamen la nulidad de los votos marcados.

Lo que asume el pequeño grupo que trata de desalentar la campaña “Marca tu Voto” es que todos los votos marcados serán contrarios a las opciones de derecha. Lo que ignoran, en su vergonzosa desconexión con la realidad, es que entre los que queremos cambios no hay sólo “zurdos”, porque la Constitución actual es buena para el 1% de la población y mala (sí, mala) para el 99% restante. No importa si usted vota a la derecha o a la “un poco menos derecha” o vota por un partido minoritario o vota blanco, nulo o se queda en su casa sin votar. Cualquier candidato que usted vote o deje de votar tendrá que regirse por la misma Constitución.

El que resulte electo tendrá la tentación de no quemarse tratando de hacer modificaciones, porque al ganar una elección pasa a formar parte del selecto grupo beneficiado por la Constitución actual. Eso es lo que tratamos de evitar marcando el voto. Y por eso, en esta pasada estamos saliendo de las trincheras para saludarnos y reconocer que no importa si usted vive en la capital o en regiones, si es mapuche o huinca, si es estudiante o empleado: si no hacemos cambios, estamos todos igual de fregados.

En ElPilín hace ya un rato que dejamos las trincheras. Estamos acostumbrados a codearnos entre articulistas de distintas opiniones, y aunque rara vez nos ponemos de acuerdo, más raramente nos peleamos. Esta semana nos tiraron un simbólico peñascazo virtual, bajando nuestra cuenta en twitter, y el apoyo recibido desde todos los sectores fue conmovedor: muchos reconocen como deseable la frescura de poder leer opiniones de distintos colores dialogando entre sí en la misma página.

No perdamos eso. Pase por aquí, lea, opine, discuta y difunda. Y no se quede en casa: si está muy enojado y siente que nadie lo va a representar bien, anule su voto o vote blanco. Pero no pierda la ocasión de meter ese papelito en la urna con una marca que diga bien clarito “AC”. Nos van a tratar de confundir. No les conviene que dejemos de pelear entre nosotros. Nos quieren consumidores, no ciudadanos. Quizá ya tengan planeado algún golpe mediático equivalente a los bombardeos de la Navidad de 1915. Pero no les vamos a dar el gusto de seguir peleando una guerra que sólo les conviene a ellos.

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